¿A quién no le gustan las historias de aventuras?Al pasar las páginas de ‘Julia y la voz de la ballena’, el último tebeo del Álvaro Ortiz (Zaragoza, 1983), es difícil no sentir el viento de una emoción que retrotrae a la niñez. Niños fantasmas, sirenas, marineros, piratas… Estos personajes habitan unas viñetas llenas de imaginación, que mezclan con sabiduría referentes como ‘La isla del tesoro’ o la película de culto ‘Los Goonies’. El joven autor nos presenta un cómic lleno de magia dibujado, además, «rayita a rayita, todo a mano».

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«Veo el mar como algo inmenso y prácticamente desconocido, aunque les pongan nombres a los mares, nadie me puede asegurar lo que habrá debajo, y puestos a imaginar, debajo puede haber un millón de cosas… Y soy como las abuelas, me encanta dibujar paisajes marítimos». Ortiz explica con humor el protagonismo del océano en su último trabajo, que publica Ediciones del Ponent.

Pero ‘Julia y la voz de la ballena’ es algo más que una historia de piratas de parche en el ojo. El tebeo cuenta la historia de Julia, una niña adoptada por Matt y Allie. Son una extraña familia que viaja en globo por los territorios de Verano Muerto y pasa sus vacaciones en una isla-castillo que navega por el proceloso mar, y en la que Loco, su anfitrión, tiene un orfanato lleno de niños fantasmas.

¿De dónde nace este ejercicio de imaginación? Álvaro explica que todo surgió -no podía ser de otra manera- «una tarde de verano». «Antes del primer álbum, ‘Julia y el verano muerto’, hubo una versión fanzine autoeditada de 16 páginas, dónde ya estaban todos los personajes y el planteamiento, que partía de un ‘storyboard’ que escribí de tirón sin ideas previas ni nada. Me gusta bastante pensar que salió sin darle muchas vueltas, como algo espontáneo».

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El tebeo gira en torno al misterio de la desaparición del padre de Matt, un marinero que un día se hizo a la mar y jamás regresó. Con esta idea como eje central, las páginas van desgranando otras historias de piratas, sirenas y ballenas. «Aparecen bastantes personajes, y me gusta poder ir hablando un poco de cada uno de ellos, de ahí que la narración esté tan fragmentada, y las escenas sean tan cortas. Además, me gusta incluir los típicos ‘cliffhangers’ que te hacen pasar de página rápidamente, y que ahora tanto vemos también en las series de televisión», detalla el zaragozano sobre su estilo narrativo que, sobre todo, busca despertar «la curiosidad del lector».

En una de las ramas argumentales de ‘Julia y la voz de la ballena’, la protagonista y sus amigos se lanzan a la búsqueda de un tesoro en unas grutas subterráneas… Un claro guiño a ‘Los Goonies’, la mítica cinta de los 80. «Cuando empecé a darle vueltas a la idea de que este cómic girase alrededor de cuentos e historias varias de piratas, no podía dejar de lado mi película favorita desde pequeño; incluso no pude evitar mencionar en la historia a Chester Copperpot ( el primer goonie)», explica Ortiz. El joven dibujante también menciona entre sus referencias clásicos de la literatura como ‘La isla del tesoro’, ‘Moby Dick’ o ‘20.000 leguas de viaje submarino’.

‘Julia y la voz de la ballena’ bien podría ser un nuevo clásico infantil y juvenil, aunque ofrece más de un nivel de lectura. «No pensé en ningún público específico cuando ideé la historia -desvela Ortiz-. Me limito a hablar de las cosas que me gustan, utilizando elementos y personajes que parecen sacados de cuentos, para luego darles la vuelta, o ponerlos en otros contextos. ‘Julia y…» no tiene nada que haga que no lo pueda leer un niño, y creo que puede resultarle igual de atractivo a un niño que a un adulto, o quizás más».

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Álvaro Ortiz, en busca del tesoro como un auténtico 'goonie'.

Tras ‘Julia y la voz de la ballena’ hay más de tres años de trabajo, algo que no es de extrañar, ya que Álvaro entiende el arte como un proceso artesanal. «Aunque el color y el acabado final es vía ordenador, este álbum está entero dibujado a lápiz y pasado a tinta con un pentel y un pilot, rayita a rayita. Soy un nostálgico de las cosas hechas a mano, y no me gusta la tecnología. No me queda más remedio que utilizarla, pero por lo menos intento que se note lo menos posible».

Álvaro, que colabora en HERALDO como ilustrador de la sección ‘La ciudad pixelada’ tiene «siempre mil cosas a medias». «Me gustaría que mi siguiente cómic fuese para niños. También me gustaría hacer algo más largo, aunque si me ha costado tanto acabar ‘Julia y…’ (72 páginas), no quiero ni pensar en cuanto me puede llevar…». A pesar de sus palabras, este joven es un trabajador incansable, y tiene también entre sus proyectos un álbum ilustrado.